Quiero lo que no tengo

¿No te pasa a veces? Hay temporadas en que parece que te falta justo eso que necesitas. Justo lo que te gustaría es lo que no puedes tener ahora. ¿Tienes tiempo? No sabes cómo llenarlo. ¿Estás atareado hasta la extenuación? Quisieras aburrirte. ¿Estás solo? Añoras compañía. ¿Estás rodeado de gente? Te gustaría refugiarte en la soledad. ¿Tienes dinero? Quieres amor. ¿Tienes amor? Te preocupa el trabajo. ¿Tienes trabajo? Te falta sentido… Eterna cantinela de insatisfacción, que tiene su cara y su cruz.

Quiero lo que no tengo – Cara: el deseo como motor

«Es Dios quien, según su designio, produce en vosotros el deseo y su ejecución» (Flp 2, 13)
Está bien esa sensación de que algo te falta. De hecho, tal vez sería terrible llegar un día, sentarse y decir: ya está. Tengo todo lo que podría desear.Porque el deseo nos mueve, nos empuja y nos lleva a luchar. Otra cosa es que muchos de nuestros deseos (ojalá) no sean egoístas, autocentrados. Es posible que, si hablo detener, yo tengo suficiente en muchas dimensiones de la vida. Y, sin embargo, que me siga inquietando el mundo, las asignaturas pendientes de personas, pueblos y sociedades…

¿Qué deseos te mueven en este momento?¿Qué metas persigues?

Quiero lo que no tengo – Cruz: la queja como freno

«Estoy hastiado de la vida: me voy a entregar a las quejas desahogando la amargura de mi alma» (Job 10, 1)
Lo malo es cuando uno se vuelve un agonías, un quejoso , siempre dolido por lo que te falta, por lo que no te gusta o por lo que no has alcanzado. Si se vive lo no conseguido como frustración o como fuente de autocompasión. Si te pasas el día lamiéndote las heridas, o despotricando contra el mundo… En ese caso deberías pensar si esas quejas son legítimas, o si estás convirtiendo en drama algo que es parte de la vida más cotidiana. Si no estás cargando tantos las tintas sobre lo que te falta a ti que olvidas a quienes tendrían otros motivos mucho más profundos y reales para el lamento. Es verdad que hay algo subjetivo en cómo vivimos las cosas. Pero también es verdad que conviene verse en la perspectiva de este mundo común, de la gran familia que estamos llamados a ser.

¿Qué quejas te frenan?¿Qué nostalgias, problemas o carencias se te vuelven prisión excesiva?

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Cuestión de perspectiva

Dice la voz popular aquello de que «en este mundo cruel nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira». Es un poco excesivo eso del todo y nada. Alguna verdad buscamos, y en ella creemos. Y alguna mentira también hay, por más que se quiera enmascarar de subjetividad o conveniencia. Pero, dicho eso, cierto es que la perspectiva cambia muchas cosas. Que a veces hacemos dramas enormes de tonterías. Y en cambio ignoramos las verdaderas tragedias que, quizás, están lejos. Por eso, no está mal intentar encontrar la perspectiva que nos permita mirar a la realidad con lucidez y respeto.

Cuestión de perspectiva – Los dramas que son menos
«El Señor me contestó: Mentira profetizan los profetas en mi Nombre; no los envié, no los mandé, no les hablé; visiones engañosas, oráculos vanos, fantasías de su mente es lo que profetizan». (Jer 14, 14)
¿A quién no le ha ocurrido alguna vez?Imaginas, piensas, sientes, acaso sufres por algo que, en lo personal, te duele.Puede ser una relación complicada, un amor tormentoso, un suspenso, un proyecto que no termina de materializarse. A veces hay que buscar distancia. Darse cuenta de que, en medio de todo lo que ocurre, mi historia es importante, pero no es absoluta. Y que, al lado de otras muchas historias y vivencias, la comparación permite poner un poco de objetividad. Y acaso rebajar el nivel de queja, de drama o de agonía.
¿Alguna vez me he visto así?

Cuestión de perspectiva – Tus aciertos y tus errores.
«Así no seremos niños, juguete de las olas, zarandeados por cualquier ventolera de doctrina, por el engaño de la astucia humana, por los trucos del error». (Ef 4, 14)
Tampoco hay que pretender la objetividad absoluta.Quizás no estamos capacitados para ella. Parte de nuestra verdad es también el deseo, el anhelo, la educación, el sueño. Parte de nuestra certeza está construida sobre momentos vividos, sobre experiencias, sobre instantes que atesoraremos siempre en la mente y el corazón.
Y ahí queda la tensión necesaria. Entre lo propio y lo universal. Entre lo experimentado y lo conocido. Entre lo que uno comprende y lo que se te escapa. Entre lo que de noche parece posible y por la mañana parece inalcanzable o absurdo.
¿Te pasa que a veces ves las cosas distintas en distintos momentos?

INSTRUCCIONES PARA LA VIDA

Un día le pedí a Dios instrucciones
para vivir en esta tierra…
Dios acercó su voz a mi oído y me dijo:
Sé como el sol:
Levántate temprano y no te acuestes tarde.
Sé como la luna, brilla en la oscuridad, pero sométete a la luz mayor.
Sé como los pájaros, come, canta, bebe y vuela.
Sé como las flores,
Enamoradas del sol, pero fieles a sus raíces
Sé como el buen perro obediente, pero nada más a su Señor.
Sé como la fruta,
Bella por fuera, saludable por dentro.
Sé como el día,
Que llega y se retira sin alardes.
Sé como el oasis,
Da tu agua al sediento.
Sé como la luciérnaga,
Aunque pequeña emite su propia luz.
Sé como el agua,
Buena y transparente.
Sé como el río,
Siempre hacia adelante.
Y por sobre todas las cosas,
Sé como el cielo:
La morada de Dios.
Enséñame a hacer tu voluntad,
porque tu eres mi Dios,
tu Espíritu bueno me guíe
a tierra de rectitud.
Salmo 143:10
Señor, no permitas que me quede donde estoy.
Ayúdame a llegar a donde tú esperas que llegue.

Oración por la fe, por Pablo VI, Audiencia general 30‑10‑1968

Señor, haz que mi fe sea plena, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre; es decir, que tenga el concurso personal de mi adhesión, acepte las renuncias y los deberes que impone y exprese el ápice decisivo de mi personalidad: creo en ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea cierta. Cierta por una exterior congruencia de pruebas y cierta por un testimonio interior del Espíritu Santo. Cierta por una luz que la asegure, por una conclusión que la pacifique, por una asimilación que la haga reposar.

Señor, haz que mi fe sea fuerte. Que no tema la contradicción de los problemas cuando es plena la experiencia de nuestra vida ávida de luz. Que no tema la oposición de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega; sino que se refuerce en la prueba íntima de tu verdad, resista la fatiga de la crítica, se corrobore con la afirmación continua que sobrepasa las dificultades dialécticas y espirituales en que se desenvuelve nuestra existencia temporal.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé a mi espíritu paz y alegría. Que lo habilite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que en el coloquio sagrado y en el profano irradie la felicidad interior de su posesión afortunada.

Señor, haz que mi fe sea operante y dé a la caridad las razones de su expansión moral, de manera que sea verdadera amistad contigo y continua búsqueda tuya, continuo testimonio, alimento continuo de esperanza, en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma fundarse en la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo y no tenga garantía mayor que la docilidad a la Tradición y a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia.          Amén».

El barquero y el filósofo

Tu vida, como la de todos, transcurre entre sencillas tareas. Puedes caer en el grave error de juzgarlas sin importancia y hacerlas sin implicarte con entusiasmo y amor. Otro error es desbordar vanidad por la propia profesión y despreciar a los demás. Con razón dijo Madre Teresa de Calcuta: “No es importante lo que uno hace, sino cómo lo hace, cuánto amor, sinceridad y fe pone en lo que realiza”.
Un filósofo se acercó al barquero y le pidió que lo cruzara al otro lado del ancho río. Una vez en la barca y para hacer alarde de sus conocimientos, el intelectual le preguntó: —¿Has estudiado alguna vez metafísica? —No, respondió el barquero, ni conozco esa palabra. —¡Entonces has perdido la mitad de tu vida! Le dijo el filósofo. Después de un rato y cuando estaban en medio del ancho río, empezó a caer un verdadero diluvio y el barquero le preguntó al filósofo altanero: —¿Sabe usted nadar? —No, le dijo aquel. — Entonces ha perdido usted toda su vida… ¡Nos estamos hundiendo!
Si te preocupas demasiado por vos mismo y tu propio entorno, no te quedará tiempo para los demás. Si no vives para los demás, la vida carecerá de sentido para vos. El científico Albert Einstein dijo: “Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los otros que por nosotros mismos”.

Porque vives deprisa

Porque vives deprisa
porque tienes fronteras
porque pones condiciones
porque sospechas de Dios
porque aborreces el riesgo
porque ignoras a los demás
porque huyes del silencio
porque prefieres tener a ser
porque pactas con el confort
porque tienes miedo al compromiso
porque desiertas los caminos que suben
porque regateas con tu juventud
porque hablas más que haces
porque olvidas que eres nómada
porque no te das a lo difícil.

No sabrás ni hoy ni nunca,
por más que lo intentes,
por mucho que quieras,
para qué vale la vida,
para qué sirve el corazón;
no sabrás, de verdad,
ni el sabor de la paz,
ni el precio de la alegría,
ni el sentido de las lágrimas,
ni el misterio de las cosas,
ni el gusto de la vida,
ni el encanto de la amistad,
ni el valor del silencio,
ni el milagro del amor.

Te pasarás la vida, ¡triste vida!,
improvisando, corriendo, hambreando, huyendo de ti,
lejano, desterrado, de visita, de sobra, ridículo,
fracasado, esclavo, aburrido, desarraigado,
vacío, inútil, viejo…
con la vida tristemente vacía,
inmensamente sin sentido.

Pero…
SI la obra de tu vida puedes ver destrozada
y sin perder palabra, volverla a comenzar,
o perder en un día la ganancia de ciento
sin un gesto o un suspiro.

SI puedes ser amante y no estar loco de amor,
si consigues ser fuerte sin dejar de ser tierno
y sintiéndote odiado, sin odiar a tu vez,
luchar y defenderte.

SI puedes soportar que hablen mal de ti
los pícaros, los que pretenden enfadarte,
y oír como sus lenguas falaces te calumnian,
sin tú caer en la trampa y hacer lo mismo.

SI puedes seguir digno aunque seas popular,
si consigues ser pueblo y dar consejo a los reyes,
si a todos tus amigos amas como un hermano,
sin que ninguno te absorba.

SI sabes observar, meditar, conocer,
sin llegar a ser nunca destructor o escéptico;
soñar, mas no dejar que el sueño te domine;
pensar, sin ser sólo un pensador.

SI puedes ser severo sin llegar a la cólera,
si puedes ser audaz, sin pecar de imprudente,
si consigues ser bueno y lograr ser un sabio,
sin ser soberbio ni pedante.

SI alcanzas el triunfo después de la derrota,
y acoges con igual calma esas dos mentiras.
Si puedes conservar tu valor, tu cabeza tranquila,
cuando otros a tu alrededor la pierden.

Entonces los reyes, los dioses,
la suerte y la victoria,
serán ya para siempre tus sumisos esclavos,
y lo que vale más que la gloria y los reyes:
serás hombre, hijo mío.
Rudyard Kipling

AMOR Y FANATISMO SON INCOMPATIBLES.

“El fanatismo nunca es realmente espiritual porque no es libre. No es libre porque no es inteligente. No puede discernir entre el bien y el mal, la verdad y la falsedad, porque está cegado por el prejuicio. Fe y prejuicio tienen la necesidad común de descansar en una autoridad, y por ello a veces pueden ser confundidos por quienes no comprenden su verdadera naturaleza. Pero la fe descansa en la autoridad del amor, mientras que el prejuicio descansa en la pseudoautoridad del odio. Cualquiera que haya leído el Evangelio se da cuenta de que para ser cristiano hay que abandonar todo fanatismo, porque el cristianismo es amor. Amor y fanatismo son incompatibles. El fanatismo hace buenas migas con la agresión. Es destructivo, vengativo y estéril. El fanatismo es tanto más virulento cuanto que surge de la incapacidad de amar, de la incapacidad para un recíproco entendimiento humano
El fanatismo se niega a considerar al otro como persona. Lo mira solamente como cosa. O es “miembro” o no lo es. Pertenece a la misma pandilla o está fuera…. Eso fue lo que sucedió en la crucifixión de Cristo. Cristo, el Hijo encarnado de Dios, vino como persona, buscando la comprensión, la aceptación y el amor de personas libres. Se encontró frente a un compacto grupo fanático que no quiso saber nada de su persona. Temían su unicidad perturbadora”.
Thomas Merton