ME DUELE LA IGLESIA

Cuando digo que me duele la cabeza, la espalda, o el estómago, es evidente que hablo de algo no solo que me afecta, sino que es parte de mí. Y por tanto, ese dolor solo se comprende por esa identificación. Dicho esto, creo que tiene todo el sentido decir que a menudo me duele la Iglesia.
Me duelen los excesos, las discriminaciones, los extremismos de todo cuño. Me duelen las personas que, en nombre de la fe, dicen barbaridades sobre otras personas, y que utilizan el insulto para atacar a quien también busca la verdad con otras perspectivas. Me duelen los excluidos en el seno de la comunidad. Me duele que las mujeres no tengan mucho más peso en la toma de decisiones y en la voz pública de la institución. Me duele el clericalismo, que aún lleva a que en muchos lugares no se tome en serio la misión compartida con los laicos. Me duelen algunas declaraciones bárbaras, también de algunos cardenales, y el silencio oficial con que nunca son respondidas. Y las polémicas artificiales basadas en dos o tres temas obsesivos, cuando el mundo está gritando por tantas heridas desesperantes. Me duele la prensa religiosa al servicio de ideologías y no del evangelio. Me duele la incomprensión de los matices. Me duelen las barbaridades convertidas en titular intencionado, jaleadas por los de siempre. Me duelen los abusos que se han dado en el seno de la Iglesia. Y la impunidad con que algunos abusadores actuaron, en nombre de evitar el escándalo. Me duele cómo a menudo la opinión pública elige ignorar los aspectos más positivos, el muchísimo bien que también hace la Iglesia en nuestro mundo, y el valor de muchos de sus límites y propuestas en un mundo que ha hecho del “No limits” su bandera. Me duele la intolerancia con lo católico en un mundo que en cambio abandera otras muchas tolerancias (muy necesarias, todo sea dicho).
Supongo, una vez más, que me duele porque me importa.

José María Rodríguez Olaizola SJ

Anuncios

Autor: El Amor no Discrimina

En la ciudad de Neuquén hay 80 travestis. En la Argentina el promedio de vida de una travesti es de 32 años y en Neuquén el promedio es de 45 años. En su mayoría han venido de otras provincias, abandonadas por sus familias. Todas ellas sufren algún tipo de adicción (drogas, alcohol) y viven de la prostitución que comienzan a ejercer a partir de los 14 años.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s