Sé noble

No grites, no ofendas, no juzgues, no humilles.
Sé noble, íntegro, sincero.
Los gritos son señal de debilidad.
La humillación es señal de pobreza interior.
La calumnia es señal de envidia.
La agresividad es señal de inseguridad.
El verdadero liderazgo se logra
cuando se es íntegro, humilde, sincero,
equitativo, leal y ético.

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CLAMOR DE LOS SIN VOZ

Quienes viven donde millones de criaturas se
encuentran sometidas a condiciones, viéndose
prácticamente reducidas a esclavitud, deberán
estar muy sordos para no escuchar el clamor de
los oprimidos. Y el clamor de los oprimidos es la
voz de Dios.
Todo aquel que resida en los países ricos, donde desde siempre y todavía siguen pululando aquí y allá una zonas grises de subdesarrollo y de miseria, le bastará con que sepa escuchar un poco, para ensordecerse con el clamor de los sin voz y de los sin esperanza.
Y el clamor de los sin voz y sin esperanza es la voz de Dios.
Quien haya caído, por fin, en la cuenta de las muchísimas injusticias, consecuencia de la tan desigual repartición de las riquezas, deberá
tener un corazón de piedra para no captar la propuesta silenciosa o violenta, no hace al caso, de los pobres. Y la propuesta de los pobres es la voz de Dios.
Helder Cámara

CAMBIAR YO PARA QUE CAMBIE EL MUNDO

De joven yo era un revolucionario y mi oración
consistía en decir a Dios: “Señor, dame fuerzas
para cambiar el mundo”.
A medida que fui haciéndome adulto y caí en la
cuenta de que me había pasado media vida sin
haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: “Señor,
dame la gracia de transformar a cuantos entran
en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi
familia y a mis amigos. Con eso me doy por
satisfecho”.
Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido
que he sido. Mi única oración es la siguiente:
“Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo”. Si yo hubiera orado de este modo desde el
principio, no habría malgastado mi vida.
Todo el mundo piensa en cambiar la humanidad. Casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
Anthony de Mello.

La miel en el fuego

Para conservar a un amigo se necesitan tres cosas: honrarlo cuando está presente, valorarlo cuando está ausente y ayudarlo cuando lo necesita. A veces, por irreflexión, los perdemos, porque fallamos en algunos de estos tres requisitos, como en la graciosa anécdota que te presento:

Nasrudín calentaba miel en el fuego, cuando un amigo llegó de improviso. La miel comenzó a hervir y Nasrudin convidó a su visitante. Estaba tan caliente, que el otro se quemó. – ¡Haz algo! – exclamó el amigo. Entonces Nasrudín tomó un gran abanico y lo agitó por encima de la olla… con el propósito de enfriar la miel.

“La amistad es una puerta que se abre, una sonrisa que te alienta, una mirada que te comprende, una lágrima que se une a tu dolor, una palabra que te anima, y una crítica que te mejora. Es un encuentro que te regocija, un favor sin recompensa, y un esperar… sin cansancio”. Valora a tus amigos y acéptalos como son.

 

Yo simplemente vivo…

SONRÍO
Aunque la vida me golpee.
Aunque no todos los amaneceres sean hermosos.
Aunque se me cierren las puertas.
Sonrío!
SUEÑO
Porque soñar no cuesta nada y alivia mi pensamiento.
Porque quizás mi sueño pueda cumplirse.
Porque soñar me hace feliz.
LLORO
Porque llorara purifica mi alma y alivia mi corazón.
Porque mi angustia decrece, aunque solo sea un poco.
Porque cada lágrima es un propósito de mejorar mi existencia.
AMO
Porque amar es vivir.
Porque si amo, quizás reciba amor.
Porque prefiero amar y sufrir, que sufrir por no haber amado nunca.
COMPARTO
Porque al compartir crezco.
Porque mis penas, compartidas, disminuyen, y mis alegrías se duplican.
SONRÍO, SUEÑO, LLORO, AMO, COMPARTO…VIVO!

EL LENGUAJE

En la época victoriana no se podían mencionar los pantalones en presencia de una señorita.
Hoy no queda bien decir ciertas cosas en presencia de la opinión pública:
• El capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado
• El imperialismo se llama globalización
• Las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, que es como llamar niños a los enanos
• El oportunismo se llama pragmatismo
• La traición se llama realismo
• Los pobres se llaman carentes, o carenciados, o personas de escasos recursos
• La expulsión de los niños pobres del sistema educativo se conoce bajo el nombre de deserción escolar
• El derecho del patrón a despedir sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral
• El lenguaje oficial reconoce los derechos de las mujeres, entre los derechos de las minorías, como si la mitad masculina de la humanidad fuera la mayoría
• Las torturas se llaman apremios ilegales, o también presiones físicas y psicológicas
• Cuando los ladrones son de buena familia,
no son ladrones, sino cleptómanos
• El saqueo de los fondos públicos por los políticos corruptos responde al nombre de enriquecimiento ilícito
• Se llaman accidentes los crímenes que cometen los automóviles
• Para decir ciego se dice no vidente
• Un negro es un hombre de color
• Donde dice larga y penosa enfermedad, debe leerse cáncer o sida
• Repentina dolencia significa infarto
• Nunca se dice muerte, sino desaparición física
• Tampoco son muertos los seres humanos aniquilados en las operaciones militares: son bajas, y los civiles que se la ligan sin
comerla ni beberla, son daños colaterales.
Eduardo Galeano

¿Dios en los otros cercanos?

Vivimos en una sociedad donde hay tantos ruidos, tantas relaciones  diversas, y sin embargo, tanto aislamiento, tantas palabras huecas, tantos discursos vacíos, tanta farsa… Esta afirmación no es derrotismo; ni tan siquiera queja. Pero a veces podemos sentir nostalgia de alguna relación profunda, íntima, gratuita, plena, alegre, retadora y al tiempo vivificante. ¿Es posible, Dios, que tú respondas a esa inquietud?

«Cuando Israel era niño, lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí» (Os 11,1)

Lazos difíciles
No siempre es fácil el amor. Hay enfados, incomprensiones, desigualdades, palabras mal dichas, silencios hirientes, expectativas que no se cumplen… Hay heridas, nostalgias, hartazgos. Pues bien, aunque el amor sea difícil, allí está Dios. Si Dios es amor, entonces Dios estará presente en nuestros vínculos más queridos. Hay algo de Dios en la manera en que queremos a padres, a hermanos, a parejas, a amigos… Hay algo de Dios en la palabra pasión, en la palabra entrega, en lo que es intimidad, en lo que es compartir. Dios es un Dios cuya misma esencia es el establecer vínculos, tender puentes, la apertura a otros. Y eso a pesar de que el amor no es fácil, ni siquiera el amor divino.

Pienso en las relaciones importantes de mi vida. En las personas que me importan. En la manera en que estoy unido a ellos a través de sentimientos,  de pasión, de   esperanza, de alegría. Y rezo por ellos, voy dejando que asomen a mi imaginación rostros, historias, palabras y recuerdos. Señor, bendice sus vidas.

« Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros, y perdonándoos mutuamente» (Col 3, 12)

Lazos profundos
Dios nos enseña algo sobre las relaciones. Son libres. Son frágiles. Son gratuitas. Son tan delicadas que a veces traerán conflicto, y a veces traerán dolor. En esa incertidumbre sobre cómo han de ser nuestras relaciones está su mayor fuerza y también su mayor misterio. ¿Por qué a veces nos tocará llorar las pérdidas? ¿Por qué a veces nos sentiremos tan felices? ¿Por qué ese incesante alternar entre afectos y soledad, entre canto y silencio?
Porque ése es el material precioso del que está hecha nuestra vida. De la aspiración a encontrar una paz que siempre parece que se nos escapa, un sueño que no termina de materializarse. El sueño de un mundo bueno, de una sociedad que ame, de una vida vibrante. Y es precisamente la disposición a implicarnos, siempre y a fondo, en las necesidades, inquietudes, alegrías y esperanzas de otros lo que hace que nuestra vida pueda ser como un vergel de múltiples colores, ruidos, formas y olores; y ésa es la tierra fértil para los lazos profundos.

Pido a Dios que me enseñe a amar gratuitamente.
Pienso en las personas y situaciones que me han hecho llorar. Y pido a Dios que me ayude a perdonar o a pedir perdón, a buscar la reconciliación profunda, al menos en mi corazón.
Pido a Dios que me dé confianza en los otros. Que me enseñe a mirar a otros rostros, y ver en cada uno un mundo de posibilidades.