¡Acuérdate de soltar el vaso!

Un psicólogo, en una sesión grupal, levantó un vaso de agua. Todo el mundo esperaba la típica pregunta: “¿Está medio lleno o medio vacío?” Sin embargo, preguntó:
– ¿Cuánto pesa este vaso? Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.
El psicólogo respondió: “El peso absoluto no es importante. Depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo un minuto, no es problema. Si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, es siempre el mismo. Pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado y más difícil de soportar se vuelve.”
Y continuó: “Las preocupaciones, los pensamientos negativos, los rencores, el resentimiento, son como el vaso de agua. Si piensas en ellos un rato, no pasa nada. Si piensas en ellos todo el día, empiezan a doler. Y si piensas en ellos toda la semana, acabarás sintiéndote paralizado e incapaz de hacer nada.”
¡Acuérdate de soltar el vaso!

Acariciar

Acariciar. A veces se trata de eso. En nuestro mundo, en nuestra vida, en nuestro día a día. Algo tan sencillo como eso. Sonreír a quien está triste (pero no sonrisas fáciles o vacías, sino que establezcan un vínculo). Apretar una mano (y con ello transmitir un mundo). Acariciar un rostro, prometiendo estar ahí. Ver, y aún más, mirar al otro… oír, y entonces escucharle. Abrazar a quien se siente tan abandonado, tan abatido…Estar ahí para los otros, y hacérselo saber. Me gusta pensar en Jesús como un hombre que también hablaba con sus gestos.

Caricias – El tacto…

Al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Le contestaron: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe» (Mt 9, 28-29)

Es fácil decir que en la vida hay que andar ‘con tacto’… es una expresión bonita. Es verdad que con el cuerpo, con las manos, se expresa tanto… ternura, rechazo, apertura, protección, interés, acogida, vinculación. A veces se nos va la vida en palabras, palabras y mil palabras. Pero hace falta hablar también con los gestos. Porque hay veces que una caricia da más confianza que mil versos, que un abrazo es la mejor respuesta a quien llora, o la mejor felicitación a quien ríe… Empezamos a tender puentes desde unas manos abiertas, unos ojos y oídos atentos… al otro.

Con la manera en que nos acercamos, acogemos, cuidamos, expresamos. Con la delicadeza con que nos relacionamos… Hay tantas dimensiones de nuestra vida en que el cuerpo habla… piensa en ello.

Caricias – Amor físico

«Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente» (Lc 15, 19)

El amor también es físico. Y hoy, cuando hay mucho contacto físico sin amor o mucho roce sin entrega es necesario sentir esa unidad. El amor toca, y así se expresa de muchos modos la relación más profunda, más estable, o más hecha de interés genuino por otra persona. El amor, atento al otro, se expresa físicamente: en la madre que mece al bebé, los amigos que se palmean la espalda, la pareja que, con su intimidad, intercambia promesas y besos, el padre anciano que pasea del brazo de su hijo, la cabeza que se apoya en un hombro amigo…hablamos también con el cuerpo.

Piensa un poco en la manera en que, en tu vida, el amor se expresa en gestos, en la medida en que comunicas sin palabras, con tu forma de estar, de acoger, de tratar al otro…

 

ME DUELE LA IGLESIA

Cuando digo que me duele la cabeza, la espalda, o el estómago, es evidente que hablo de algo no solo que me afecta, sino que es parte de mí. Y por tanto, ese dolor solo se comprende por esa identificación. Dicho esto, creo que tiene todo el sentido decir que a menudo me duele la Iglesia.
Me duelen los excesos, las discriminaciones, los extremismos de todo cuño. Me duelen las personas que, en nombre de la fe, dicen barbaridades sobre otras personas, y que utilizan el insulto para atacar a quien también busca la verdad con otras perspectivas. Me duelen los excluidos en el seno de la comunidad. Me duele que las mujeres no tengan mucho más peso en la toma de decisiones y en la voz pública de la institución. Me duele el clericalismo, que aún lleva a que en muchos lugares no se tome en serio la misión compartida con los laicos. Me duelen algunas declaraciones bárbaras, también de algunos cardenales, y el silencio oficial con que nunca son respondidas. Y las polémicas artificiales basadas en dos o tres temas obsesivos, cuando el mundo está gritando por tantas heridas desesperantes. Me duele la prensa religiosa al servicio de ideologías y no del evangelio. Me duele la incomprensión de los matices. Me duelen las barbaridades convertidas en titular intencionado, jaleadas por los de siempre. Me duelen los abusos que se han dado en el seno de la Iglesia. Y la impunidad con que algunos abusadores actuaron, en nombre de evitar el escándalo. Me duele cómo a menudo la opinión pública elige ignorar los aspectos más positivos, el muchísimo bien que también hace la Iglesia en nuestro mundo, y el valor de muchos de sus límites y propuestas en un mundo que ha hecho del “No limits” su bandera. Me duele la intolerancia con lo católico en un mundo que en cambio abandera otras muchas tolerancias (muy necesarias, todo sea dicho).
Supongo, una vez más, que me duele porque me importa.

José María Rodríguez Olaizola SJ

No somos islas

Aunque a veces podamos sentirnos alejados. Aunque a veces pueda pesar un poco de soledad o de incomprensión. Aunque la comunicación sea una asignatura que no se aprende más que día a día, y con cierta dificultad. Pero, con todo, no estamos solos. Nos une la tierra subterránea. Nos unen puentes, a menudo indestructibles. Nos une, desde la fe, un Dios que late en cada entraña haciendo muy posibles los encuentros. Nos une la sed de amor, y la capacidad de amar. Somos tierra que puede ser hollada por mil pies. Y eso es muy buena noticia.

No somos islas – Encuentros

Les preguntó: «Y ustedes, quién decís que soy yo?» Respondió Pedro: «Tú eres el Mesías de Dios» (Mt 16, 15-16)

Hay tantos momentos de encuentro en nuestra vida: una llamada, un correo, un mensaje, un café compartido, una mirada que no necesita palabras, las memorias compartidas, las historias que están en marcha, los proyectos por los que luchamos codo con codo, hombro con hombro, con otros.Nos une el cariño, y cuando es recíproco, entonces es una fiesta.

¿Qué «encuentros» te parecen significativos en este momento de tu vida?¿Cómo cuidas a los otros?

No somos islas – Desencuentros

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Dios te libre, Señor! No te sucederá tal cosa». El se volvió y le dijo a Pedro: «¡Aléjate de mí, Satanás! Quieres hacerme caer…» (Mt 16, 23)

Luego, es verdad quesomos distintos. Que hay un punto de unicidad, de intimidad, de soledad en toda vida. Hasta en las parejas más unidas. Hasta en las historias de amor más recíprocas. Cada quién necesita sus espacios. A veces duele ese no poder poseer a los otros, ese no poder aferrarlos. A veces parece que se rompen los puentesque unen nuestras orillas: una bronca, una mala palabra, alguien que te falla –o a quien fallas… La vida es, en todo caso, una interesante escuela para no convertir las distancias en abismos insalvables. Y la fe ayuda a volver a abrir los brazos.

¿Hay puentes rotos en tu historia?¿Hay desencuentros? ¿Qué has aprendido en ellos?

Prefiero lo que no es normal

Imagina cualquier tarde de esas en que hay un partido de fútbol de rivalidad y dimensión “planetaria” (hay como quince al año de esos al menos). A nadie le extraña que esa tarde, con el super partido de fútbol, las calles se queden desiertas y lo normal sea ir a los bares a ver la tele. Me pregunto por qué a todo el mundo le gusta el ‘furgol’ con la de deportes que hay. Estaría bien un poco de variedad.
Demasiada gente emplea horas y horas en enterarse de la vida de famosos, famosillos y famosetes, pero no tienen ni cinco minutos para escuchar un problema de las personas con las que viven, trabajan o se divierten. Pues yo prefiero que, por favor, me dejen seguir desconociendo a esos desconocidos que se empeñan en ser famosos. Me interesan más las vidas de los que me rodean.
Parece lógico que todos queramos tener la casa más cara, el coche más potente, la tele más grande y el móvil más pequeño. En consecuencia valoramos a la gente por lo que tiene: por su inventario de pertenencias. Su valor es directamente su fortuna. Pero yo prefiero medir a la gente por lo que es capaz de dar, por lo que es capaz de superar, por lo que es capaz de conseguir por sí misma. Supongo que es normal que subconscientemente juzguemos a las personas por su aspecto, y las cataloguemos en nuestro casillero de tipos y tipejos. Las estadísticas no fallan: si un señor es de ese color “seguro que es un tal y tal. Al menos 99% de posibilidades”. Pero a mi me gusta mirar a la cara a las personas. Una a una. Saber cómo piensan, ver cómo actúan, y esperar para catalogar.
A nadie le extraña que con el paso del tiempo, la vida te separe de algunas personas y, poco a poco, pierdes los amigos que no ves. Pero yo creo que la amistad no tiene calendario, y que la vida también te une a las personas a las que quieres, y con las que deseas compartir aunque no puedas. Lo normal es que después de hacer un favor a alguien, y un segundo favor, y el tercero… llega un momento en que te canses y esperes algo a cambio. Los favores se pueden contar, pero el amor no lleva cuentas, y me gustaría aprender a dar sin hacer cuentas y recibir sin hacer cuentas.
Si todo eso es normal, prefiero lo que no es normal.

María Jesús González Morales

“Gente necesaria”

Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente,que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.
Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe, que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria

Piensa en futuro

Desde que se puso de moda el carpe diem parece que hay que vivir en clave de presente: hoy, ahora, aquí, ya. Sin embargo, sólo si uno es capaz de proyectar, soñar e imaginar algo que todavía no ha llegado será capaz de luchar por ello. Sólo quien es capaz de tender puentes entre el momento actual y las posibilidades de lo que está por llegar podrá recorrer algunos caminos.

Piensa en futuro – Proyectos

Proyectar es reflejar un objeto en algo que está más adelante. Algo de eso es también la vida humana. Anticipar lo que puede llegar a ser y ponerse manos a la obra. El plano del arquitecto dibuja un espacio futuro. El boceto del artista intuye formas aún no alumbradas. El diseño del ingeniero descubre posibilidades que algún día se materializarán. Es parte del talento más humano el presentir la belleza, la armonía, el sentido aún por llegar.

¿Y yo? ¿Qué proyectos tengo?¿Qué creo que está por construir, por alcanzar, por hacer en el mundo?¿En qué sentido mi vida es un proyecto? ¿Creo en un futuro mejor? ¿Para mí o para otros?¿Y hay un camino para avanzar hacia ese futuro? Se agolpan las ideas en mi mente…

Piensa en futuro – Imaginar mundos posibles

Algunos grandes personajes de la historia fueron los que aprendieron a descubrir horizontes distintos, y se atrevieron a perseguirlos. Mary Wollstonecraft riéndose de las barreras que discriminaban a las mujeres. Nelson Mandela encarcelado por la igualdad robada. Mahatma Gandhi luchando por la libertad conseguida sin violencia. Teresa de Calcuta bajando de un tren para aliviar el sufrimiento de muchos. Martin Luther King compartiendo un sueño. Y muchos más hombres y mujeres, públicos o anónimos, de hoy y de ayer, que fueron capaces de entrever cambios, de alumbrar utopías y convertirlas en realidad. Incluso aunque sus nombres no llenen los titulares ni copen las portadas. Aunque sus fotos nunca salgan de los álbumes familiares. Solo quien es capaz de percibir las semillas de lo posible será capaz de regarlas y dejar que den fruto.

¿Y yo? ¿Puedo imaginar mundos mejores? ¿Puedo descubrir las semillas de espacios de más felicidad?