Cuestión de perspectiva

Dice la voz popular aquello de que «en este mundo cruel nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira». Es un poco excesivo eso del todo y nada. Alguna verdad buscamos, y en ella creemos. Y alguna mentira también hay, por más que se quiera enmascarar de subjetividad o conveniencia. Pero, dicho eso, cierto es que la perspectiva cambia muchas cosas. Que a veces hacemos dramas enormes de tonterías. Y en cambio ignoramos las verdaderas tragedias que, quizás, están lejos. Por eso, no está mal intentar encontrar la perspectiva que nos permita mirar a la realidad con lucidez y respeto.

Cuestión de perspectiva – Los dramas que son menos
«El Señor me contestó: Mentira profetizan los profetas en mi Nombre; no los envié, no los mandé, no les hablé; visiones engañosas, oráculos vanos, fantasías de su mente es lo que profetizan». (Jer 14, 14)
¿A quién no le ha ocurrido alguna vez?Imaginas, piensas, sientes, acaso sufres por algo que, en lo personal, te duele.Puede ser una relación complicada, un amor tormentoso, un suspenso, un proyecto que no termina de materializarse. A veces hay que buscar distancia. Darse cuenta de que, en medio de todo lo que ocurre, mi historia es importante, pero no es absoluta. Y que, al lado de otras muchas historias y vivencias, la comparación permite poner un poco de objetividad. Y acaso rebajar el nivel de queja, de drama o de agonía.
¿Alguna vez me he visto así?

Cuestión de perspectiva – Tus aciertos y tus errores.
«Así no seremos niños, juguete de las olas, zarandeados por cualquier ventolera de doctrina, por el engaño de la astucia humana, por los trucos del error». (Ef 4, 14)
Tampoco hay que pretender la objetividad absoluta.Quizás no estamos capacitados para ella. Parte de nuestra verdad es también el deseo, el anhelo, la educación, el sueño. Parte de nuestra certeza está construida sobre momentos vividos, sobre experiencias, sobre instantes que atesoraremos siempre en la mente y el corazón.
Y ahí queda la tensión necesaria. Entre lo propio y lo universal. Entre lo experimentado y lo conocido. Entre lo que uno comprende y lo que se te escapa. Entre lo que de noche parece posible y por la mañana parece inalcanzable o absurdo.
¿Te pasa que a veces ves las cosas distintas en distintos momentos?

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Oración por la fe, por Pablo VI, Audiencia general 30‑10‑1968

Señor, haz que mi fe sea plena, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre; es decir, que tenga el concurso personal de mi adhesión, acepte las renuncias y los deberes que impone y exprese el ápice decisivo de mi personalidad: creo en ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea cierta. Cierta por una exterior congruencia de pruebas y cierta por un testimonio interior del Espíritu Santo. Cierta por una luz que la asegure, por una conclusión que la pacifique, por una asimilación que la haga reposar.

Señor, haz que mi fe sea fuerte. Que no tema la contradicción de los problemas cuando es plena la experiencia de nuestra vida ávida de luz. Que no tema la oposición de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega; sino que se refuerce en la prueba íntima de tu verdad, resista la fatiga de la crítica, se corrobore con la afirmación continua que sobrepasa las dificultades dialécticas y espirituales en que se desenvuelve nuestra existencia temporal.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé a mi espíritu paz y alegría. Que lo habilite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que en el coloquio sagrado y en el profano irradie la felicidad interior de su posesión afortunada.

Señor, haz que mi fe sea operante y dé a la caridad las razones de su expansión moral, de manera que sea verdadera amistad contigo y continua búsqueda tuya, continuo testimonio, alimento continuo de esperanza, en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma fundarse en la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo y no tenga garantía mayor que la docilidad a la Tradición y a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia.          Amén».

Porque vives deprisa

Porque vives deprisa
porque tienes fronteras
porque pones condiciones
porque sospechas de Dios
porque aborreces el riesgo
porque ignoras a los demás
porque huyes del silencio
porque prefieres tener a ser
porque pactas con el confort
porque tienes miedo al compromiso
porque desiertas los caminos que suben
porque regateas con tu juventud
porque hablas más que haces
porque olvidas que eres nómada
porque no te das a lo difícil.

No sabrás ni hoy ni nunca,
por más que lo intentes,
por mucho que quieras,
para qué vale la vida,
para qué sirve el corazón;
no sabrás, de verdad,
ni el sabor de la paz,
ni el precio de la alegría,
ni el sentido de las lágrimas,
ni el misterio de las cosas,
ni el gusto de la vida,
ni el encanto de la amistad,
ni el valor del silencio,
ni el milagro del amor.

Te pasarás la vida, ¡triste vida!,
improvisando, corriendo, hambreando, huyendo de ti,
lejano, desterrado, de visita, de sobra, ridículo,
fracasado, esclavo, aburrido, desarraigado,
vacío, inútil, viejo…
con la vida tristemente vacía,
inmensamente sin sentido.

Pero…
SI la obra de tu vida puedes ver destrozada
y sin perder palabra, volverla a comenzar,
o perder en un día la ganancia de ciento
sin un gesto o un suspiro.

SI puedes ser amante y no estar loco de amor,
si consigues ser fuerte sin dejar de ser tierno
y sintiéndote odiado, sin odiar a tu vez,
luchar y defenderte.

SI puedes soportar que hablen mal de ti
los pícaros, los que pretenden enfadarte,
y oír como sus lenguas falaces te calumnian,
sin tú caer en la trampa y hacer lo mismo.

SI puedes seguir digno aunque seas popular,
si consigues ser pueblo y dar consejo a los reyes,
si a todos tus amigos amas como un hermano,
sin que ninguno te absorba.

SI sabes observar, meditar, conocer,
sin llegar a ser nunca destructor o escéptico;
soñar, mas no dejar que el sueño te domine;
pensar, sin ser sólo un pensador.

SI puedes ser severo sin llegar a la cólera,
si puedes ser audaz, sin pecar de imprudente,
si consigues ser bueno y lograr ser un sabio,
sin ser soberbio ni pedante.

SI alcanzas el triunfo después de la derrota,
y acoges con igual calma esas dos mentiras.
Si puedes conservar tu valor, tu cabeza tranquila,
cuando otros a tu alrededor la pierden.

Entonces los reyes, los dioses,
la suerte y la victoria,
serán ya para siempre tus sumisos esclavos,
y lo que vale más que la gloria y los reyes:
serás hombre, hijo mío.
Rudyard Kipling

AMOR Y FANATISMO SON INCOMPATIBLES.

“El fanatismo nunca es realmente espiritual porque no es libre. No es libre porque no es inteligente. No puede discernir entre el bien y el mal, la verdad y la falsedad, porque está cegado por el prejuicio. Fe y prejuicio tienen la necesidad común de descansar en una autoridad, y por ello a veces pueden ser confundidos por quienes no comprenden su verdadera naturaleza. Pero la fe descansa en la autoridad del amor, mientras que el prejuicio descansa en la pseudoautoridad del odio. Cualquiera que haya leído el Evangelio se da cuenta de que para ser cristiano hay que abandonar todo fanatismo, porque el cristianismo es amor. Amor y fanatismo son incompatibles. El fanatismo hace buenas migas con la agresión. Es destructivo, vengativo y estéril. El fanatismo es tanto más virulento cuanto que surge de la incapacidad de amar, de la incapacidad para un recíproco entendimiento humano
El fanatismo se niega a considerar al otro como persona. Lo mira solamente como cosa. O es “miembro” o no lo es. Pertenece a la misma pandilla o está fuera…. Eso fue lo que sucedió en la crucifixión de Cristo. Cristo, el Hijo encarnado de Dios, vino como persona, buscando la comprensión, la aceptación y el amor de personas libres. Se encontró frente a un compacto grupo fanático que no quiso saber nada de su persona. Temían su unicidad perturbadora”.
Thomas Merton

Sólo por hoy

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.
3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.
4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Juan XXIII

¿ACABAR CON LA VEJEZ? SOMBRAS Y LUCES

Hoy aparece en una revista de estas de fin de semana un amplio reportaje sobre la cantidad de investigación de calidad que se está destinando a ampliar la vida, a detener el envejecimiento, a revertir el desgaste de las células. Los altos ejecutivos de Google, y de muchas grandes corporaciones, no tienen reparo en dedicar miles de millones de dólares a este tipo de investigaciones. Para perfilar distintos escenarios, que van desde el aumento de la esperanza de vida, hasta una eternidad construida sobre repuestos y reparaciones.
Al leerlo, no podía evitar pensar que, ¿para qué? ¿Para qué vivir más, si esta vida de ahora está tan llena de incomprensiones y crispación? ¿Para qué alargar la calidad de una vida, si no somos capaces de resolver problemas muy básicos que afectan a miles de millones de seres humanos, así, en general?
Entendedme, no es que sea yo un deprimido, un agonías, o que piense que la vida es un asco. Hay muchas cosas magníficas. Es más, entiendo que haya gente que, desde su bienestar, o desde su aferrarse a lo único en lo que cree, pelee con uñas y dientes por alargar esto de ahora. Pero, tal y como está el mundo ahora, me imagino que cualquier avance en este terreno sería, tan solo, una manera de agrandar la brecha entre afortunados y parias. Entre quienes puedan pagarse las mejoras, y quienes están condenados a pelear por sobrevivir, de tantas maneras. Lo de «Elysium», la película de hace unos años sobre un mundo blindado para los pudientes, está cada vez más cerca.
Así que, no. No creo que sea prioritaria esa investigación, mientras tengamos otras asignaturas pendientes…
(Y ahora, dicho todo lo anterior, también pienso que, a principios del siglo XX, la esperanza de vida en España era de 35 años. Los avances han conseguido vida de calidad, y calidad de vida para muchos. Entonces, tampoco es tan evidente mi primera apreciación…) Hay que seguir pensando…José María Rodríguez Olaizola

No llores

 
No llores por lo que ha muerto, lucha por lo que ha nacido en ti.
No llores por quien se ha marchado, lucha por quien está contigo.
No llores por quien te odia, lucha por quien te quiere.
No llores por tu pasado, lucha por tu presente.
No llores por tu sufrimiento, lucha por tu felicidad.
Con las cosas que a uno le suceden vamos aprendiendo que nada es imposible de solucionar,
solo sigue adelante.
Papa Francisco