Santos por nuestras calles

Hay santos anónimos, esos que no fueron oficialmente canonizados, pero cuyas vidas han sido reflejo auténtico del evangelio. Eso celebramos hoy. Esto lleva a pensar. Por una parte, que a lo largo de la historia ha habidos muchos más de los que pensamos. Y por otra, que también hoy en día hay muchos por ahí, hombres y mujeres anónimos, que probablemente jamás pasarán a los libros de historia ni a los calendarios litúrgicos, pero que, sin embargo, son santos.
¿Qué tienen en común? Que sus vidas apuntan a Dios de manera clara. Que lo que viven, lo que hacen, y lo que dicen, deja traslucir al espíritu de Dios al que han dado cancha en sus vidas. Y por eso, cuando los ves, intuyes que es posible el Amor, y la misericordia, y la compasión, y la justicia…
¿En qué se diferencian? En todo lo demás. Seguro que los hay jóvenes y ancianos, formados y analfabetos, mujeres y hombres, de derechas, de izquierdas, o apolíticos… Los habrá tímidos y extrovertidos, hiperactivos y pausados. Unos vivirán el evangelio en el contacto constante con la gente. Seguro que hay algún otro que consagra su vida a la ciencia en la soledad de un laboratorio o de una biblioteca. Bailan, rezan, toman un café, abrazan, lloran, aman, se enfadan, se equivocan, aciertan… porque son humanos, al fin y al cabo.
La santidad no es un perfeccionismo neurótico, ni un cumplimiento virtuoso para ponerse medallas de excelencia. Es una forma de amor. Radical, posible, definitiva. Y no es que sea deseable para que uno se pueda sentir orgulloso de sí. Es deseable porque es una forma de mejorar el mundo, y la vida propia y de los otros. A veces me pregunto si seguimos creyendo que se puede ser transparencia de Dios en este mundo. Porque se puede. Seguro que muy cerca de ti alguien es ventana abierta que apunta en esa dirección. Y tú, ¿por qué no intentarlo?
José María Rodriguez Olaizola, sj

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Tu eres mi milagro

Tú, que eres un ser humano, eres mi milagro. Y eres fuerte, capaz, inteligente y lleno de dones y talentos. Cuéntalos y entusiásmate con ellos. Reconócete. Encuéntrate. Acéptate. Anímate. Y piensa que, desde este momento, puedes cambiar tu vida para bien, si te lo propones y te llenas de entusiasmo. Y sobre todo, si te das cuenta de la felicidad que puedes conseguir con sólo desearlo.

Nadie es igual a ti. Sólo en ti está aceptar el camino de la felicidad y enfrentarlo, y seguir siempre adelante hasta el fin. Simplemente porque eres libre.

Elige amar en lugar de odiar, elige reír en lugar de llorar, elige actuar en lugar de aplazar, elige crecer en lugar de consumirte, elige bendecir en lugar de blasfemar, elige vivir en lugar de morir.

Y aprende a sentir mi presencia en cada acto de tu vida. Crece cada día un poco más en el optimismo de la esperanza. Deja atrás los miedos y los sentimientos de derrota. Yo estoy a tu lado siempre. Llámame, búscame, acuérdate de mi. Vivo en ti desde siempre y siempre te estoy esperando para amarte. Si has de venir hacia mi algún día…que sea hoy, en este momento. No te olvides que eres mi milagro. Que te quiero feliz, con misericordia, con piedad, para que este mundo que transitas pueda acostumbrarse a reír, siempre que tú aprendas a reír. Y si eres mi milagro, camina contagiando esperanza y optimismo sin temor, porque yo estoy a tu lado.

Con todo cariño, DIOS.

QUÉ ES UN SANTO? por Emmanuel Sicre, sj

Un santo es aquél neurótico que se sintió salvado,
aquella prostituta que se dejó amar en serio,
aquél herido que se dejó curar,
aquella angustiada que se dejó alegrar la vida,
aquél mentiroso que fue encontrado por la Verdad,
aquella sedienta que bebió del agua Viva,
aquél pobre que se dejó enriquecer,
aquella rica que se dejó empobrecer,
aquél pretensioso que se dejó llenar el alma de Dios,
aquella avara que abandonó su última moneda,
aquél infeliz que se dejó de quejar,
aquélla guerrillera que la paz le besó los bordes de su alma,
aquél torpe que se dejó cincelar por la sabiduría de otros,
aquella miedosa que se dejó ayudar por los cirineos de la historia,
aquél político fiel a sus convicciones aunque se haya embarrado,
aquella que no se escandalizó del LGTB y bogó por vidas dignificadas,
aquél que cuidó al enfermo y pagó su cuenta al regresar de su trabajo,
aquella que amamantó en la dificultad porque su alimento era la fe y el amor,
aquél que trabajó día y noche como su Padre,
aquella que se hizo próxima al dolor del sufriente para lavar sus lágrimas,
aquél que sin saberlo alababa a Dios con sonrisas esparcidas por el mundo,
aquella abandonada que se sintió rescatada,
aquél que perdió el esquema de perfección para pasarse al del amor,
aquella que siendo jueza de todos perdió por la ternura del juicio del Amor,
aquél criticón amargado dueño del mundo que antes de morir pidió perdón,
aquella monja que dejó de maltratar a sus hermanas,
aquél cura que abandonó el infierno de la Ley por el cielo de la fraternidad,
aquella niña que despertaba cada mañana besando a sus padres,
aquél descarriado que se subió al carro del sentido que regaló una mirada honesta,
aquella abuela que después de darlo todo siguió sonriendo y jugando,
aquél perdonado que se animó a perdonar,
aquella infiel que se dejó restaurar por el Fiel,
aquél hijo de puta que lloró sin parar cuando vio su error,
aquella que educó con el ejemplo del único Maestro de su vida,
aquél joven que se pregunta si el ciento por uno es para él,
aquella incrédula que creyó porque se fiaron de ella por primera vez,
aquél que confió más en Dios actuando en la historia que en su idea de Dios,
aquella que asumió su cruz como entrega y no como castigo,
aquél que dejó de pensar la santidad como esfuerzo de su voluntad para dejarle paso a la fuerza arrolladora de la gracia que el Espíritu derrama sin cesar en nuestra vida.

NO TE HE NEGADO

 

Por causa de Tú causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.
Fiel, fiel…, es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.
Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.
No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.

Pedro Casaldáliga.

 

Cuestión de perspectiva

Dice la voz popular aquello de que «en este mundo cruel nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira». Es un poco excesivo eso del todo y nada. Alguna verdad buscamos, y en ella creemos. Y alguna mentira también hay, por más que se quiera enmascarar de subjetividad o conveniencia. Pero, dicho eso, cierto es que la perspectiva cambia muchas cosas. Que a veces hacemos dramas enormes de tonterías. Y en cambio ignoramos las verdaderas tragedias que, quizás, están lejos. Por eso, no está mal intentar encontrar la perspectiva que nos permita mirar a la realidad con lucidez y respeto.

Cuestión de perspectiva – Los dramas que son menos
«El Señor me contestó: Mentira profetizan los profetas en mi Nombre; no los envié, no los mandé, no les hablé; visiones engañosas, oráculos vanos, fantasías de su mente es lo que profetizan». (Jer 14, 14)
¿A quién no le ha ocurrido alguna vez?Imaginas, piensas, sientes, acaso sufres por algo que, en lo personal, te duele.Puede ser una relación complicada, un amor tormentoso, un suspenso, un proyecto que no termina de materializarse. A veces hay que buscar distancia. Darse cuenta de que, en medio de todo lo que ocurre, mi historia es importante, pero no es absoluta. Y que, al lado de otras muchas historias y vivencias, la comparación permite poner un poco de objetividad. Y acaso rebajar el nivel de queja, de drama o de agonía.
¿Alguna vez me he visto así?

Cuestión de perspectiva – Tus aciertos y tus errores.
«Así no seremos niños, juguete de las olas, zarandeados por cualquier ventolera de doctrina, por el engaño de la astucia humana, por los trucos del error». (Ef 4, 14)
Tampoco hay que pretender la objetividad absoluta.Quizás no estamos capacitados para ella. Parte de nuestra verdad es también el deseo, el anhelo, la educación, el sueño. Parte de nuestra certeza está construida sobre momentos vividos, sobre experiencias, sobre instantes que atesoraremos siempre en la mente y el corazón.
Y ahí queda la tensión necesaria. Entre lo propio y lo universal. Entre lo experimentado y lo conocido. Entre lo que uno comprende y lo que se te escapa. Entre lo que de noche parece posible y por la mañana parece inalcanzable o absurdo.
¿Te pasa que a veces ves las cosas distintas en distintos momentos?

Oración por la fe, por Pablo VI, Audiencia general 30‑10‑1968

Señor, haz que mi fe sea plena, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre; es decir, que tenga el concurso personal de mi adhesión, acepte las renuncias y los deberes que impone y exprese el ápice decisivo de mi personalidad: creo en ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea cierta. Cierta por una exterior congruencia de pruebas y cierta por un testimonio interior del Espíritu Santo. Cierta por una luz que la asegure, por una conclusión que la pacifique, por una asimilación que la haga reposar.

Señor, haz que mi fe sea fuerte. Que no tema la contradicción de los problemas cuando es plena la experiencia de nuestra vida ávida de luz. Que no tema la oposición de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega; sino que se refuerce en la prueba íntima de tu verdad, resista la fatiga de la crítica, se corrobore con la afirmación continua que sobrepasa las dificultades dialécticas y espirituales en que se desenvuelve nuestra existencia temporal.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé a mi espíritu paz y alegría. Que lo habilite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que en el coloquio sagrado y en el profano irradie la felicidad interior de su posesión afortunada.

Señor, haz que mi fe sea operante y dé a la caridad las razones de su expansión moral, de manera que sea verdadera amistad contigo y continua búsqueda tuya, continuo testimonio, alimento continuo de esperanza, en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma fundarse en la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo y no tenga garantía mayor que la docilidad a la Tradición y a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia.          Amén».

Porque vives deprisa

Porque vives deprisa
porque tienes fronteras
porque pones condiciones
porque sospechas de Dios
porque aborreces el riesgo
porque ignoras a los demás
porque huyes del silencio
porque prefieres tener a ser
porque pactas con el confort
porque tienes miedo al compromiso
porque desiertas los caminos que suben
porque regateas con tu juventud
porque hablas más que haces
porque olvidas que eres nómada
porque no te das a lo difícil.

No sabrás ni hoy ni nunca,
por más que lo intentes,
por mucho que quieras,
para qué vale la vida,
para qué sirve el corazón;
no sabrás, de verdad,
ni el sabor de la paz,
ni el precio de la alegría,
ni el sentido de las lágrimas,
ni el misterio de las cosas,
ni el gusto de la vida,
ni el encanto de la amistad,
ni el valor del silencio,
ni el milagro del amor.

Te pasarás la vida, ¡triste vida!,
improvisando, corriendo, hambreando, huyendo de ti,
lejano, desterrado, de visita, de sobra, ridículo,
fracasado, esclavo, aburrido, desarraigado,
vacío, inútil, viejo…
con la vida tristemente vacía,
inmensamente sin sentido.

Pero…
SI la obra de tu vida puedes ver destrozada
y sin perder palabra, volverla a comenzar,
o perder en un día la ganancia de ciento
sin un gesto o un suspiro.

SI puedes ser amante y no estar loco de amor,
si consigues ser fuerte sin dejar de ser tierno
y sintiéndote odiado, sin odiar a tu vez,
luchar y defenderte.

SI puedes soportar que hablen mal de ti
los pícaros, los que pretenden enfadarte,
y oír como sus lenguas falaces te calumnian,
sin tú caer en la trampa y hacer lo mismo.

SI puedes seguir digno aunque seas popular,
si consigues ser pueblo y dar consejo a los reyes,
si a todos tus amigos amas como un hermano,
sin que ninguno te absorba.

SI sabes observar, meditar, conocer,
sin llegar a ser nunca destructor o escéptico;
soñar, mas no dejar que el sueño te domine;
pensar, sin ser sólo un pensador.

SI puedes ser severo sin llegar a la cólera,
si puedes ser audaz, sin pecar de imprudente,
si consigues ser bueno y lograr ser un sabio,
sin ser soberbio ni pedante.

SI alcanzas el triunfo después de la derrota,
y acoges con igual calma esas dos mentiras.
Si puedes conservar tu valor, tu cabeza tranquila,
cuando otros a tu alrededor la pierden.

Entonces los reyes, los dioses,
la suerte y la victoria,
serán ya para siempre tus sumisos esclavos,
y lo que vale más que la gloria y los reyes:
serás hombre, hijo mío.
Rudyard Kipling