Mirar con esperanza

Estamos próximos a comenzar el Adviento, que para los cristianos es tiempo de esperanza. La esperanza siempre es violada. Parece mentira que pueda incesantemente resurgir de tanto descalabro, de tanto asesinato de ilusiones.
En este tiempo se nos promete la alegría de Dios. La alegría que nos permitirá encarar el miedo sin esconder la cabeza, y mirar de frente, erguidos, levantando el dedo y poniendo en acción nuestra rebeldía pacífica.
El Adviento es también invitación a no mirarse el ombligo. Quien se mira solo a sí nunca conocerá la paz verdadera. El que se encierra en sí enferma de tristeza, pierde la alegría del encuentro.
Hoy recordamos el ejemplo de Kim Phuc, la niña de aquella famosa foto, que corría desnuda entre los soldados, abrasada por la bomba del napalm que tiraron los americanos en Vietnam. En aquella ocasión murieron dos de sus hermanitos. Ahora es embajadora de la ONU para la paz. Ha sufrido muchas operaciones. Hace poco se encontró en Estados Unidos, en una reunión, con el capitán que mandó tirar la bomba. Ella se fue hacia él y lo abrazó. Los dos lloraron abrazados. “Soy feliz porque no siento odio”, ha dicho Kim Phuc… ¡qué admirable y envidiable libertad!
A propósito de esto, siempre recuerdo aquellas emocionantes y bíblicas palabras de un profeta rebelde y pacífico, Martín Luther King, que son un regalo para nosotros también: “En medio de los días desolados y las noches terroríficas he oído una voz que me decía: ‘no temas, yo estaré siempre contigo’.
A ti que esto escuchar o lees: “No temas, yo estaré siempre contigo”. Vístete de estas palabras y canta y camina.
Miguel Márquez

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MI ALMA TIENE PRISA

Lealtad con uno mismo.
Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…
Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a manipuladores y oportunistas.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…
Sin muchos dulces en el paquete…
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…
Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una.
Mário de Andarde (Sao Paulo 1893 – 1945)
Poeta, novelista, ensayista y musicólogo
Fue uno de los fundadores del modernismo brasileño

El corcho

Hace años, un inspector visitó una escuela primaria. En su recorrido observó algo que le llamó poderosamente la atención, una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían gran desorden; el cuadro era caótico.
Decidió presentarse:
– “Permiso, soy el inspector de turno… ¿algún problema?”
– “Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos… No tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles…”
El inspector, que era un docente de alma, vio un corcho en el desordenado escritorio. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos:
– “¿Qué es esto?”
– “Un corcho señor…”, gritaron los alumnos sorprendidos.
– “Bien, ¿De dónde sale el corcho?”
– “De la botella señor. Lo coloca una máquina.., del alcornoque, de un árbol …. de la madera…”, respondían animosos los niños.
– “¿Y qué se puede hacer con madera?”, continuaba entusiasta el docente.
– “Sillas…, una mesa…, un barco…”
– “Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué provincia argentina pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar?…”, y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión…
La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida:
– “Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas gracias.”
Pasó el tiempo. El inspector volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden…
– “Señorita… ¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?”
– “Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho. ¿Dónde lo dejó?”
Enrique Mariscal

Palabras de amor, obras de justicia

«No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida».
Estas palabras son parte del mensaje que el papa Francisco ha promulgado con motivo de la I Jornada Mundial de los Pobres. Con el título «No amemos de palabra, sino con obras», se trata de una invitación a acercarnos a la vida de los pobres, con la intención de compartir y de encontrarnos. El evangelio nos urge, nos recoloca y nos invita a acercarnos a los más pobres, a los que sufren a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. Y en ese compartir, habrá intercambio. Por una parte, bienes que han de administrarse de manera diferente. Por otra, el desprendimiento y la libertad que nos hace libres y nos enseña a vivir. No hay teorías. No hay demasiados matices. No hay excusas ni alternativas. He ahí una de las exigencias más radicales y más constantes del evangelio. Un Dios que se hace pobre. Un Jesús con los más pobres. Una misión entre los pobres. Una comunidad abierta a los pobres. Una bienaventuranza que nos ayuda a ver lo esencial. Una vocación que nos abre al encuentro.
Ojalá pongamos nuestros talentos al servicio de la causa de los más débiles, los más frágiles, los más golpeados por la vida. Ojalá cada uno sepamos amar con las palabras, pero sobre todo con las obras. Ojalá descubramos formas de transformar las estructuras que invisibilizan, que apartan o que excluyen. Ojalá creamos, de verdad, que ese proyecto merece la pena y es posible. Ojalá, en fin, esta jornada sirva para que los 365 días del año se conviertan, para nosotros, en ocasión para la compasión, el encuentro y la conversión profunda a los valores evangélicos más radicales.

José María Rodriguez Olaizola, sj

No tengas miedo

Hay momentos en los que todo se te cae encima. Sin dramatizar, sin estridencias, quietamente. Sientes que se hunde el terreno en el que construyes tus ilusiones y esperanzas. Te pesa la soledad. Dudas sobre lo que haces, pero no ves muchas alternativas. Y en esas ocasiones te asaltan preguntas que ni siquiera querrías formular: «¿Qué estoy haciendo con mi vida?», «Todo esto ¿para qué?», «¿Qué tengo que realmente merezca la pena?»
Es habitual oír a gente de nuestro entorno que se siente abrumada por estos momentos de angustia. A veces hasta nos faltan palabras para expresar tal desazón. Sólo nos queda decir algo así como estoy mal, o simplemente callar. Piensas entonces que nadie puede sentirse tan mal como tú, tan solo, tan abatido…
Pero eso es parte de la vida. Del camino de todos los hombres y mujeres que deciden construir algo, soñar algo, amar algo… Porque cuando apostamos por alguna causa que nos llena, al mismo tiempo nos enganchamos al vagón de la incertidumbre, aceptamos ser vulnerables y exponer nuestro ser profundo. Y en esos momentos necesitamos saber que no vamos solos. Nunca.

LA MEJOR TINTA

René Díaz Almeida,
poeta y hermano de lucha
Me lo han quitado todo
la plumas
los lápices
la tinta
porque ellos no quieren
que yo escriba
y me han hundido
en esta celda de castigo
pero ni así ahogarán mi rebeldía.
Me lo han quitado todo
-bueno, casi todo-
porque me queda la sonrisa
el orgullo de sentirme un hombre libre
y en el alma un jardín
de eterna florecitas.
Me lo han quitado todo
la plumas
los lápices
pero me queda la tinta de la vida
-mi propia sangre-
y con ella escribo versos todavía.
Original escrito con mi sangre y una astillita de madera en abril de 1981 en las celdas
de castigo de la Cárcel Combinado del Este, en La Habana.

Señor, Dios de paz, escucha nuestra súplica.

Hemos intentado muchas veces y durante muchos años resolver nuestros conflictos con nuestras fuerzas, y también con nuestras armas; tantos momentos de hostilidad y de oscuridad; tanta sangre derramada; tantas vidas destrozadas; tantas esperanzas abatidas… Pero nuestros esfuerzos han sido en vano. Ahora, Señor, ayúdanos tú. Danos tú la paz, enséñanos tú la paz, guíanos tú hacia la paz. Abre nuestros ojos y nuestros corazones, y danos la valentía para decir: «¡Nunca más la guerra!»; «con la guerra, todo queda destruido». Infúndenos el valor de llevar a cabo gestos concretos para construir la paz. Señor, Dios de Abraham y los Profetas, Dios amor que nos has creado y nos llamas a vivir como hermanos, danos la fuerza para ser cada día artesanos de la paz; danos la capacidad de mirar con benevolencia a todos los hermanos que encontramos en nuestro camino. Haznos disponibles para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos que nos piden transformar nuestras armas en instrumentos de paz, nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón. Mantén encendida en nosotros la llama de la esperanza para tomar con paciente perseverancia opciones de diálogo y reconciliación, para que finalmente triunfe la paz. Y que sean desterradas del corazón de todo hombre estas palabras: división, odio, guerra. Señor, desarma la lengua y las manos, renueva los corazones y las mentes, para que la palabra que nos lleva al encuentro sea siempre «hermano», y el estilo de nuestra vida se convierta en shalom, paz, salam. Amén. Papa Francisco