​¿Y si salimos de la tierra conocida?

¿No tienes ganas, a veces, de romper un poco las fronteras cotidianas, las convenciones sólidamente arraigadas, las seguridades que forman parte del día a día? ¿No tienes ganas de cambiar los horarios, darle la vuelta a las expectativas, decir versos inesperados? ¿No tienes ganas de zambullirte en una fe que te zarandee hasta la entraña, que le dé la vuelta a tu horizonte, que te inquiete, te llame, te fascine y te seduzca? ¿No tienes ganas, a veces, de volar para ver mejor?
¿Y si salimos de la tierra conocida? – Demasiado se da por sentado
«El Señor dijo a Abrán: Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.» (Gen 12, 1)
La gente da por sentadas muchas cosas, muchas seguridades, muchos prejuicios: los jóvenes son superficiales; los cristianos son de derechas; los justos son de izquierdas; los viejos se quejan; los pobres son buenos; los creyentes son ingenuos o necios; los políticos son malos y corruptos; los curas tienen panza, y viven como Dios; las monjas son monjitas; los científicos son ateos; los guapos son tontos… suma y sigue. ¿No hace falta, alguna vez, zarandear tantas estupideces, tantas afirmaciones que no tienen otro fundamento que el vacío, y mirar, con audacia y valentía, el mundo de otra manera…?
¿Por qué no intentar mirar a tu mundo y a tu gente, por un día, sin dar demasiadas cosas por sentado?
¿Y si salimos de la tierra conocida? – La audacia de soñar
«Después derramaré mi espíritu sobre todos: vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones.» (Joel 3, 1)
Eso sí merece la pena. Soñar en otro mundo posible. Soñar en otra vida, en otra justicia, en otra humanidad mucho más capaz de resolver sus cuitas. Y más que soñar creer. Creer que hay caminos para acercarse a ese mundo mejor. Caminos necesarios, fascinantes. Caminos alternativos. Lógicas que prescinden de lo que el mundo vende como imprescindible, necesario e inevitable. Formas que arrancan del amor y la búsqueda de una verdad diferente. No puede ser de otra manera.
¿En qué sueñas tú?

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7 Razones para dejar de juzgar a los demás

¿Te gusta que los demás te juzguen sin saber porqué haces las cosas?
Quizás te dé igual lo que piensen extraños que ni te van ni te vienen. Pero puede que sí te siente mal que te juzguen personas cercanas, que no se han tomado tiempo para escucharte y comprenderte.
Ésa es la razón principal para decidir no emitir juicios precipitados sobre otras personas: Que a ninguno nos gusta que nos juzguen alegremente.

Y, como razones sobran, apuntemos otras siete:

1. Porque todos somos diferentes
Yo no puedo juzgarte a ti según mis valores, mis prioridades o mis gustos personales, porque tú eres una persona distinta y, por tanto,tienes tu propia forma de pensar y de actuar.

2. Porque nadie es perfecto
¿Quién soy yo para juzgar tus errores, cuando yo cometo tantos? ¿Quién soy yo para creerme mejor que tú?

3. Porque falta información
No puedo juzgarte sin conocerte y, menos todavía, sin hacer el intento siquiera de entender las razones de tu comportamiento.
No sé nada de tu historia, de tus necesidades, de las circunstancias que hacen actuar así.
Me he quedado tan sólo con la parte visible, adaptada a mi conveniencia. ¿Cómo voy a alzar la voz para sentenciarte? ¿Con qué derecho?

4. Porque las apariencias engañan
¿Y si lo que pienso que está ocurriendo tiene poco que ver con la realidad? ¿Y si yo creo que tus motivos son unos y me equivoco?

5. Porque hace daño
Quizás tú no llegues a enterarte. Pero, ¿y si ocurre? ¿Y si te enteras de que me he pronunciado contra ti injustamente?
Tú confiabas en mí y yo no tuve la honestidad de hablarte a la cara o no te di la oportunidad para defenderte sobre lo que yo decía acerca de ti.
Debí pensar antes en el daño que se puede hacer con las palabras. Te he herido a ti y me he hecho el doble de daño a mí misma.
Me siento ruin, culpable por no haber tratado de entenderte. Me siento mal.

6. Porque quien juzga se define a sí mismo
Yo te juzgué. La gente puede dar valor a mi opinión o no dársela. Pero es sólo eso: una opinión.
Tú te defines con tus actos, por mucho que yo los critique. Cuando yo te critico soy sólo eso: Una crítica.
Una crítica dispuesta a juzgar a la ligera a quien sea, incluyéndome a mí misma. Y, aunque juzgue con buenos argumentos, ¿estoy haciendo algo bueno por ti? ¿No es preferible que dedique mis esfuerzos a tratar de entenderte antes que a criticarte?

7. Porque no hace de quien juzga una mejor persona
¿Me siento mejor cuando te juzgo? ¿Me olvido de mis penas, de mis fracasos y limitaciones? Quizás dejo de prestarles atención por un rato, mientras estoy hablando de tus cosas.
Eso es todo. Juzgarte a ti no me da la alegría que me falta ni, a la larga, me hará mejor como persona.

Dios es el silencio del cual proceden todos los sonidos

Para fortalecer mi convicción y apuntalar mi voluntad, me centré en lo que estimé que era más determinante: el silencio. Me refiero tanto a lo que hay en el silencio como al silencio mismo, que es una auténtica revelación. Debo advertir desde ahora, sin embargo, que el silencio, al menos tal y como yo lo he vivido, no tiene nada de particular.
El silencio es solo el marco o el contexto que posibilita todo lo demás. ¿Y qué es todo lo demás? Lo sorprendente es que no es nada, nada en absoluto: la vida misma que transcurre, nada en especial. Claro que digo «nada», pero muy bien podría también decir «todo».
Para escribir, como para vivir o para amar, no hay que apretar, sino soltar, no retener, sino desprenderse. La clave de casi todo está en la magnanimidad del desprendimiento. El amor, el arte y la meditación, al menos esas tres cosas, funcionan así. Cuando digo que conviene estar sueltos o desprendidos me refiero a la importancia de confiar.
Cuanta más confianza tenga un ser humano en otro, mejor podrá amarle; cuanto más se entregue el creador a su obra, esta más le corresponderá. El amor –como el arte o la meditación– es pura y llanamente confianza. Y práctica, claro, porque también la confianza se ejercita.
La meditación es una disciplina para acrecentar la confianza. Uno se sienta y ¿qué hace? Confía. La meditación es una práctica de la espera. Pero ¿qué se espera realmente? Nada y todo. Si se esperara algo concreto, esa espera no tendría valor, pues estaría alentada por el deseo de algo de lo que se carece. Por ser no utilitaria o gratuita, esa espera o confianza se convierte en algo neta y genuinamente espiritual.
Todos tenemos la experiencia de lo aburridas e incómodas que suelen ser las esperas. Como arte de la espera que es, la meditación suele ser bastante aburrida. ¡Pues qué fe tan grande hay que tener entonces para sentarse en silencio y quietud! Exacto: todo es cuestión de fe. Si tienes fe en sentarte a meditar, tanta más fe tendrás cuanto más te sientes con este fin. De modo que podría decir que yo medito para tener fe en la meditación. Al estar aparentemente inactivo, cuando estoy sentado comprendo mejor que el mundo no depende de mí, y que las cosas son como son con independencia de mi intervención. Ver esto es muy sano: coloca al ser humano en una posición más humilde, le descentra, le ofrece un espejo a su medida….
Hoy sé que conviene dejar de tener experiencias, sean del género que sean, y limitarse a vivir: dejar que la vida se exprese tal cual es, y no llenarla con los artificios de nuestros viajes o lecturas, relaciones o pasiones, espectáculos, entretenimientos, búsquedas…
Todas nuestras experiencias suelen competir con la vida y logran, casi siempre, desplazarla e incluso anularla. La verdadera vida está detrás de lo que nosotros llamamos vida. No viajar, no leer, no hablar…: todo eso es casi siempre mejor que su contrario para el descubrimiento de la luz y de la paz…
Para convertirme en alguien que medita, aparte de sentarme a diario uno, dos o tres periodos de unos veinte o veinticinco minutos, no tuve que hacer nada en especial. Todo consistía en ser lo que había sido hasta entonces, pero conscientemente, atentamente. Todo mi esfuerzo debía limitarse a controlar las idas y venidas de la mente, poner la imaginación a mi servicio y dejar de estar yo –como un esclavo– al suyo. Porque si somos señores de nuestras potencias, ¿por qué hemos de comportarnos entonces como siervos?
La atención me fue conduciendo al asombro. En realidad, tanto más crecemos como personas cuanto más nos dejemos asombrar por lo que sucede, es decir, cuanto más niños somos. La meditación –y eso me gusta– ayuda a recuperar la niñez perdida.
Pablo d’Ors

Sólo por hoy

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.
3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.
4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Juan XXIII

¿ACABAR CON LA VEJEZ? SOMBRAS Y LUCES

Hoy aparece en una revista de estas de fin de semana un amplio reportaje sobre la cantidad de investigación de calidad que se está destinando a ampliar la vida, a detener el envejecimiento, a revertir el desgaste de las células. Los altos ejecutivos de Google, y de muchas grandes corporaciones, no tienen reparo en dedicar miles de millones de dólares a este tipo de investigaciones. Para perfilar distintos escenarios, que van desde el aumento de la esperanza de vida, hasta una eternidad construida sobre repuestos y reparaciones.
Al leerlo, no podía evitar pensar que, ¿para qué? ¿Para qué vivir más, si esta vida de ahora está tan llena de incomprensiones y crispación? ¿Para qué alargar la calidad de una vida, si no somos capaces de resolver problemas muy básicos que afectan a miles de millones de seres humanos, así, en general?
Entendedme, no es que sea yo un deprimido, un agonías, o que piense que la vida es un asco. Hay muchas cosas magníficas. Es más, entiendo que haya gente que, desde su bienestar, o desde su aferrarse a lo único en lo que cree, pelee con uñas y dientes por alargar esto de ahora. Pero, tal y como está el mundo ahora, me imagino que cualquier avance en este terreno sería, tan solo, una manera de agrandar la brecha entre afortunados y parias. Entre quienes puedan pagarse las mejoras, y quienes están condenados a pelear por sobrevivir, de tantas maneras. Lo de «Elysium», la película de hace unos años sobre un mundo blindado para los pudientes, está cada vez más cerca.
Así que, no. No creo que sea prioritaria esa investigación, mientras tengamos otras asignaturas pendientes…
(Y ahora, dicho todo lo anterior, también pienso que, a principios del siglo XX, la esperanza de vida en España era de 35 años. Los avances han conseguido vida de calidad, y calidad de vida para muchos. Entonces, tampoco es tan evidente mi primera apreciación…) Hay que seguir pensando…José María Rodríguez Olaizola

No llores

 
No llores por lo que ha muerto, lucha por lo que ha nacido en ti.
No llores por quien se ha marchado, lucha por quien está contigo.
No llores por quien te odia, lucha por quien te quiere.
No llores por tu pasado, lucha por tu presente.
No llores por tu sufrimiento, lucha por tu felicidad.
Con las cosas que a uno le suceden vamos aprendiendo que nada es imposible de solucionar,
solo sigue adelante.
Papa Francisco

LA VACA Una metáfora sobre cómo vencer el conformismo y la mediocridad

– La historia de la vaca
La historia  cuenta que un viejo maestro deseaba enseñar a uno de sus discípulos por qué muchas personas viven atadas a una vida de mediocridad y no logran superar los obstáculos que les impiden triunfar. No obstante, para el maestro, la lección másimportante que el joven discípulo podía aprender era observar lo que sucede cuando finalmente nos liberamos de aquellas ataduras y comenzamos a utilizar nuestroverdadero potencial. Para impartir su lección al joven aprendiz, aquella tarde el maestro había decididovisitar con él algunos de los lugares más pobres y desolados de aquella provincia.Después de caminar un largo rato encontraron la que consideraron la más humilde de todas las viviendas. Aquella casucha a medio derrumbarse, que se encontraba en la parte más distante de aquel caserío, debía ser -sin duda- alguna la más pobre de todas. Sus paredesmilagrosamente se sostenían en pie, aunque amenazaban con derribarse en cualquier momento; el improvisado techo dejaba filtrar el agua, y la basura y los desperdicios que se acumulaban a su alrededor daban un aspecto decrépito a la vivienda. Sin embargo, lo más sorprendente de todo era que en aquella casucha de 10 metros cuadradospudiesen vivir ocho personas. El padre, la madre, cuatro hijos y dos abuelos se lasarreglaban para acomodarse en aquel lugar. Sus viejas vestiduras y sus cuerpos sucios y malolientes eran prueba del estado de profunda miseria reinante. Curiosamente, en medio de este estado de escasez y pobreza total, esta familiacontaba con una posesión poco común en tales circunstancias: una vaca. Unaflacuchenta vaca que con la escasa leche que producía, proveía a aquella familia con el poco alimento de algún valor nutricional. Pero más importante aún, esta vaca era la única posesión material de algún valor con que contaba aquella familia. Era lo único que los separaba de la miseria total. Y allí, en medio de la basura y el desorden, pasaron la noche el maestro y su novato discípulo. Al día siguiente, muy temprano y sin despertar a nadie, los dos viajeros se dispusieron a continuar su camino. Salieron de la morada y antes de emprender la marcha, el anciano maestro le dijo a su discípulo: “Es hora de que aprendas la lección que has venido a aprender”. Sin que el joven pudiese hacer nada para evitarlo, el anciano sacó una daga que llevaba en su bolsa y degolló la pobre vaca que se encontraba atada a la puerta de la vivienda, ante los incrédulos ojos del joven. Maestro, dijo el joven: “¿Qué has hecho? ¿Qué lección es ésta, que amerita dejar a esta familia en la ruina total? ¿Cómo has podido matar esta pobre vaca, querepresentaba lo único que poseía esta familia?” Haciendo caso omiso a los interrogantes del joven, el anciano se dispuso a continuar la marcha, y maestro y discípulo partieron sin poder saber que suerte correría aquella familia ante la pérdida de su única posesión. Durante los siguientes días, una y otra vez, el joven era confrontado por la nefasta idea de que, sin la vaca, aquella familia seguramente moriría de hambre. Un año más tarde, los dos hombres decidieron regresar nuevamente por aquellossenderos a ver que suerte había corrido aquella familia. Buscaron la humilde posada nuevamente, pero en su lugar encontraron una casa grande. Era obvio que la muerte de la vaca había sido un golpe demasiado fuerte para aquella familia, quienesseguramente habían tenido que abandonar aquel lugar y ahora, una nueva familia, con mayores posesiones, se había adueñado de aquel lugar y había construido una mejor vivienda. ¿Adónde habrían ido a parar  aquel hombre y sus hijos? ¿Qué habría sucedido con ellos? Todo esto pasaba por la mente del joven discípulo mientras que, vacilante, se debatía entre tocar a la puerta y averiguar por la suerte de los antiguos moradores o continuar el viaje y evitar confirmar sus peores sospechas. Cual sería su sorpresa cuando del interior de aquella casa salió el hombre que un año atrás le diera morada en su vivienda. ¿Cómo es posible? preguntó el joven. Hace un año en nuestro breve paso por aquí, fuimos testigos de la profunda pobreza en que ustedes se encontraban. ¿Qué ocurrió durante este año para que todo esto cambiara? Ignorante del hecho de que el discípulo y su maestro habían sido los causantes de la muerte de su vaca, el hombre relató como, coincidencialmente, el mismo día de su partida, algún maleante, envidioso de su vaca, había degollado salvajemente al animal. El hombre continuó relatándole a los dos viajeros cómo su primera reacción ante la muerte de la vaca había sido de desesperación y angustia. Por mucho tiempo, la vaca había sido su única fuente de sustento. El poseer esta vaca le había ganado el respeto de sus menos afortunados vecinos, quienes envidiaban no contar con tan preciadobien. Sin embargo, continuó el hombre, poco después de aquel trágico día, decidimos que a menos que hiciéramos algo, muy probablemente, nuestra propia supervivencia estaría en peligro. Así que decidimos limpiar algo del terreno de la parte de atrás de lacasucha, conseguimos algunas semillas y decidimos sembrar vegetales y legumbres con los que pudiésemos alimentarnos. Después de algún tiempo comenzamos a vender algunos de los vegetales quesobraban y con este dinero compramos más semilla y comenzamos a vender nuestros vegetales en el puesto del mercado. Así pudimos tener dinero suficiente para comprar mejores vestimentas y arreglar nuestra casa. De esta manera, poco a poco, este año nos ha traído una vida nueva. El maestro, quien había permanecido en silencio, prestando atención al fascinanterelato del hombre, llamó al joven a un lado y en voz baja le preguntó: ¿Tú crees que si esta familia aún tuviese su vaca, estaría hoy donde ahora seencuentra? Seguramente no, respondió el joven. ¿Si ves? Su vaca, fuera de ser su única posesión, era también la cadena que losmantenía atados a una vida de mediocridad y miseria. Al no contar más con la falsa seguridad que les proveía el sentirse poseedores de algo, así no fuese más que una flacuchenta vaca, debieron tomar la decisión de buscar algo más. En otras palabras, la misma vaca que para sus vecinos era una bendición, les había dado la sensación de poseer algo de valor y no estar en la miseria total, cuando en realidad estaban viviendo en medio de la miseria. Así es cuando tienes poco. Lo poco que tienes se convierte en un castigo, ya que no te permite buscar más. No eres feliz con ello, pero no eres totalmente miserable. Estás frustrado con la vida que llevas, mas no lo suficiente como para querer cambiarla. ¿Ves lo trágico de esta situación? Cuando tienes un trabajo que odias, que no suple tus necesidades económicasmínimas y no te trae absolutamente ninguna satisfacción, es fácil tomar la decisión de dejarlo y buscar uno mejor. No obstante, cuando tienes un trabajo del cual no gustas, que suple tus necesidades básicas  pero no te ofrece la oportunidad de progresar; que te ofrece cierta comodidad pero no la calidad de vida que verdaderamente deseas para ti y tu familia, es fácil conformarte con lo poco que tienes. Muchos de nosotros también tenemos vacas en nuestra vida. Ideas, excusas yjustificaciones que nos mantienen atados a la mediocridad, dándonos un falso sentido de estar bien cuando frente a nosotros se encuentra un mundo de oportunidades por descubrir. Oportunidades que sólo podremos apreciar una vez hayamos matado nuestras vacas.